UN ACEITE "CONSENTIDO"

 

Se puede tener pasión por el buen aceite pero sólo siendo un enamorado de los olivos y respetándolos se llega a producir un aceite tan especial.

"Hay que mimar a los olivos para que estén felices. Lo primero es el árbol. Siempre."

Esta es la filosofía de Rafael Jiménez, un olivarero que desde hace más de 30 años se dedica  a cuidar y respetar a sus olivares para que den su mejor fruto y por tanto el mejor aceite de Oliva.

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El mimo comienza por la tierra y por el árbol.

Suelos bien conservados, controlados, no sujetos a erosión alguna.
Abonados de forma más natural a través de la hierba que recoge ese abono y al ser segada en plena floración pasa todos esos nutrientes al árbol. Lo que otros llaman malas hierbas, lo convertimos en buenas para nuestros olivos.

Los olivos se podan respetuosamente, pensando en el árbol y no para hacer más cómoda la recolecta o facilitar el paso de los tractores.

Se podan manteniendo la copa bien alta y protegiendo así la madera del Sol. Haciendo una tala de limpia para que llegue la luz dentro del árbol y esas aceitunas del interior puedan alcanzar la calidad de las que tienen un lugar privilegiado.
Se consigue de este modo olivos con más y mejor aceite y sobre todo, olivos fuertes y felices.

 

Nuestros olivos se recolectan dos veces ya que no todas las aceitunas maduran a la vez. Se vibra suavemente el árbol durante unos pocos segundos, sin golpear el fruto,  entendiendo que algunas aceitunas quieren caer y otras necesitan un poco más tiempo. Ese primer aceite es Consentido.

Entonces se vibrará otro día hasta que el resto alcance su punto óptimo de maduración. Así no sólo se respeta el olivo, sino que se fortalece cada año y aumenta la producción en cantidad y calidad.

Inmediatamente después las aceitunas se trasladan a la almazara para la molienda en frío en un molino de doble criba y se conserva hasta su embotellado.

Esa delicadezarecuerda al milenario sistema árabe del Ardaleo, lenta y tediosa técnica que estribaba en recorrer el olivar uno y otro día recogiendo el fruto caído por madurez, ayudándolo en todo caso con una leve agitación del árbol.